Los valores personales y la metáfora de los montañeros

He estado reflexionando y creo que todos estamos de acuerdo en que en ocasiones perdemos algo el rumbo. Las situaciones de la vida, las dudas, el miedo o el piloto automático de las imposiciones sociales nos arrastran. Es normal que suceda y nos pasa a todos. Lo importante es tomar conciencia, coger el timón y buscar la dirección de nuevo. Para mi el timón son los valores, es decir, saber lo que importa.

Vivir alineados con nuestros valores es una de las actitudes más saludables que podemos albergar las personas. Se ha asociado con una reducción del estrés, mejores hábitos de salud , aumento de la fuerza de voluntad y la confianza, una actuación más asertiva y mejores relaciones. Y por eso es tan importante trabajarlo durante toda nuestra vida.

La vida basada en valores implica basar tus acciones, comportamiento y elecciones diarias en valores profundamente arraigados que has elegido conscientemente.

Hay dos formas de abordar casi cualquier situación en la vida: una forma basada en valores o una forma impulsada por objetivos.

  • Los valores generalmente se pueden expresar como verbos y adverbios, como: dar con gratitud, escuchar con empatía, vivir con valentía, escuchar mis necesidades, cuidar mi salud
  • Las metas, por otro lado, son un destino al que llegas, en algún momento en el futuro.

Hay una gran diferencia entre vivir una vida basada en valores y una vida orientada a objetivos.

Para ilustrar esto, me gustaría compartir contigo una metáfora sobre dos personas que van de excursión a la cima de una montaña; uno que adopta un enfoque basado en valores y el otro que se enfoca en objetivos.

DOS ESCURSIONISTAS Y UNA MONTAÑA

Antes de comenzar, el excursionista basado en valores sabe que valora la curiosidad, la aventura, la naturaleza, los hermosos paisajes, la exploración y las conversaciones significativas. Entonces, a medida que asciende la montaña, siente curiosidad por las plantas y los animales que encuentra en el camino, y la historia de las personas que han vivido allí. El toma descansos para disfrutar de las increíbles vistas del valle de abajo. Tiene conversaciones significativas sobre las grandes cuestiones de la vida con sus compañeros de excursión. Cuando llega a la cima, ya ha tenido una experiencia significativa, atractiva y enriquecedora, y ha apreciado el viaje hasta allí.

¿Qué sucede si por las circunstancias que sean, el excursionista basado en valores no logra llegar a la cima? Pues que a pesar de no lograrlo hasta donde llegó le acompaño una vivencia rica y significativa y tendrá flexibilidad psicológica para amortiguar la posible decepción de no haberlo logrado porque la satisfacción de ascender la montaña estaba vivenciada en base a los valores que le vinculaban al presente.

Elexcursionista centrado en objetivos tiene una experiencia diferente. Su objetivo es simplemente llegar a la cima lo más rápido posible físicamente. Todo lo que encuentra en el camino es visto como un obstáculo para su objetivo. No se da cuenta de las vistas, las plantas y los animales interesantes que encuentra, y no se toma el tiempo para conversar con sus compañeros de excursión. Todo lo que puede pensar es en llegar a la cima.

Porque en su mente piensa: “Cuando llegue allí, estaré satisfecho y seré feliz”. Pero, ¿Qué sucede si no lo logra? Qué albergará frustración y decepción porque todo el camino hacia la cima es un medio para un fin; lucha con una promesa de satisfacción al final. Cuando llega a su destino, experimenta un breve momento de logro que pronto se desvanece, dejándolo buscando otra montaña para escalar, para poder pasar por el mismo ciclo nuevamente.

Este ejemplo ilustra los beneficios de tomar conciencia de nuestros valores y usarlos para guiar nuestras acciones en la vida cotidiana. Cuando sabemos cuáles son nuestros valores y podemos ponerlos en práctica a diario, el viaje de la vida se vuelve gratificante en sí mismo. No necesitamos posponer nuestra satisfacción hasta llegar a la cima de la ‘montaña’ que estamos escalando.

Sin embargo, si no tienes claros tus valores, es muy fácil vivir en un estado constante de fracaso previo al éxito; donde sientes una sensación continua de que te falta algo, siempre pensando que la necesito lograr esa meta para ser feliz olvidando la forma en que recorres ese camino.

Espero que esta pequeña metáfora te haya ayudado a comprender la importancia de nuestros valores. Y no solo centrarnos en saber lo que importa sino comprometernos en hacer lo que importa.

Imagen: Image by Freepik

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