¿Cómo una persona PAS migrante puede no verse afectada por estados de ánimo de otras personas?

Hoy me topé con una situación que como persona sensible y emigrada, me resultó muy desagradable pero también una oportunidad para aprender a tres niveles: cultural (vivo en Alemania), emocional y la relación con ciertas situaciones en las que las personas sensible debemos aprender a verse menos afectadas por los estados de ánimo de otras personas.

Para ello debemos poner toda la carne en el asador para tratar de regularlo y relacionarme lo mejor posible con esos sentimientos. Y esta situación me ha recordado un buen ejercicio que parte de una idea del terapeuta Paul Radde desarrollando un ejercicio la Dr. Elaine Aron Experta PAS con él.

Primero recomendarte que si necesitas aclarar que es una personas altamente sensible, puedes hacerlo en mi artículo «Personas altamente sensibles. qué significa y como identificarlo«

Ayer dejamos el coche aparcado en la calle. Y esta mañana cuando fui a subirme, un vecino después de aparcar el suyo me contestó con mala educación y gritándome que lo tenía mal aparcado (aunque estaba en la zona asignada), que debía de estar unos metros más adelante. [Nota: El hecho que algunas personas en Alemania te hagan indicaciones o «broncas» porque algo no está a su gusto es más habitual que en mi país de origen].

Aquí la primera decisión. ¿Sigo la conversación tratando de apaciguar los ánimos sabiendo que puedo exponerme sin necesidad y que un porcentaje alto no va a ir a ningún lado? Mi personalidad siempre me ha dictado que es importante fomentar el diálogo y luchar por el entendimiento pero a veces no es el momento y este creo que no lo era por muchas razones pero decidí seguir hablando y tratar de apaciguar lo ánimos y tratar de dialogar.

Fue un error en ese momento porque como persona sensible que soy venía de unos días de mucha saturación y sumar algo más supondría un desgaste que no merecía la pena. Pero seguí aunque internamente sabía que iba a suponerme un estrés innecesario y ocupar espacio a una persona que no merecía la pena al menos ese día y en esas circunstancias porque dejó claro que no iba a rebajar sus formas y su discurso porque estaba literalmente secuestrado emocionalmente.

La cosa pues a peor y del tema aparcamiento derivó a temas críticas hacia mi persona como que le parecía antipático, que no le saludaban nunca y que siempre que le veía miraba para otro lado. Todo ello haciendo gestos burlescos con muy mala educación. Seguí tratando de hacerle entender que no tengo ningún problema con él, ni con ningún vecino puesto que de hecho en el poco tiempo que llevamos viviendo en este edificio nos juntamos con algunos vecinos para jugar con los niños y con el apenas tuve más contacto que el cruzarte en las zonas comunes. Y sin más se marchó.

Culturalmente habría mucho de decir al respecto de esta situación y como afrontarla aunque sea desagradable. Hay que mirar mucho entre líneas y aprender de los comportamientos culturalmente aceptados en cada lugar que pueden chocarnos. Debemos estar abiertos a comprenderlos en cierta medida pero no aceptarlos en nuestra vida. Pero si manejarlos inteligentemente para vivir más tranquilos. Además el hecho de no poder defenderse en la lengua materna suma mucho estrés y por eso es importante dar pequeños pasos sencillos con cuidado a nivel de comunicación.

La esencia es que el hombre estaba secuestrado emocionalmente por la razón que fuera y yo aunque trataba de navegar esta situación, estaba a punto de sucumbir agotado y caer en la trampa del mismo secuestro o terminar «fundido». Afortunadamente no lo hice pero me dejó un poso de saturación enorme y enfado tremendo ante la injusticia. Todas las personas sensibles que me estáis leyendo sabéis que supone lidiar con los conflictos interpersonales como Largos circunloquios mentales para regular la emoción, un dolor por profundo sentimiento de injusticia, darles vueltas con profundidad incluso a nivel existencial, desánimo porque aun con comunicación no violenta la personas no respetaba una conversación más sosegada aunque haya discusión, mala noche debido etc. etc.

El paseo del paraguas

Esta anécdota desagradable me regala recordarme y compartir un ejercicio muy útil en casos en donde «no querer verse afectadas por los estados de ánimo de personas extrañas o de otras personas a las que no deseaban dedicar su tiempo. Las personas PAS están «diseñadas para detectar», raudas en el procesamiento profundo de cada mensaje, por pequeño que sea» como afirma la Dr. Aron.

Por eso creo que útil que comparta este ejercicio útil creado por la Dr. Aron para las situaciones en las que no toca dedicar tiempo a esas personas.

Paul Radde, PAS, terapeuta le dio la idea que ha dado lugar a esta tarea. Al abordar este problema, Paul utiliza la analogía del paraguas. Un paraguas cerrado y boca abajo acumula un montón de agua cada vez que se pliega y se despliega; pero si está con la punta hacia arriba y abierto, repele el agua como lo haría el lomo de un pato. Del mismo modo, si tú estás «hacia arriba», te va a resultar más fácil repeler cualquier cosa que caiga sobre ti. Y cuando dice «hacia arriba» no me refiero a estar alegre o de buen humor (pues aunque esto podría ser de gran ayuda, es aún más importante tener el paraguas abierto y hacia arriba cuando no te sientes tan bien). Cuando digo «hacia arriba» me refiero a estar emitiendo en vez de recibiendo. Cuando tienes el paraguas hacia arriba, tus propias intenciones tienen prioridad en tu mente.

Mucha gente desea que les atendamos, y muchas veces lo consiguen porque las personas PAS son especialmente empáticas y porque tienen curiosidad por naturaleza. Y sobre todo si es un conflicto no navegan bien en él y sus emociones se disparan. Pero la atención es un bien precioso que se echa a perder fácilmente, por lo que vas a tener que decidir quién recibe tu atención y quién no.

No dejes que eso ocurra al azar o que sea otra persona quien lo decida por ti. ¿Una persona sin hogar pidiendo monedas? ¿Alguien que te quiere vender algo o que te anuncia algo? ¿Gente interesante a la que observar? ¿Un vecino insistente que ha tenido un mal día y la paga contigo tal vez y no atiende a razones? ¿una llamada nocturna muy tarde que no tienes energía para atenderla?

Por eso la Dr. Aron propone estos ejercicios:

  1. Ahora, o la próxima vez que salgas a la calle, date un «paseo del paraguas» deliberado. Sal con un propósito y con paso raudo. Piensa en dónde vas y qué vas a hacer allí. Mantén una actitud afable, pero una actitud de «estoy ocupado», hacia los demás. Puedes incluso decir, para ti, «Lo siento, hoy no estoy recibiendo».
  2. Echando la vista atrás hacia tu primer «paseo del paraguas», valora en una escala de 1, fácil, a 10, imposible, cuán difícil te ha resultado. Toma nota de tus observaciones en este primer intento aquí:
  3. Si crees que puedes probar a darte el «paseo del paraguas» en un entorno diferente, hazlo en el trabajo, cuando estás yendo a hacer algo a alguna parte y no quieres que te detengan; o hazlo mientras estás sentada en vez de caminando. Valora este intento entre 1, fácil, y 10, imposible, y toma nota de tus observaciones en relación con este intento.
  4. Utiliza el «paseo del paraguas» cuantas veces puedas durante unas semanas con el fin de desarrollar esta habilidad y el hábito de hacerlo. Con el tiempo se convertirá en algo automático y podrás olvidarte de la imaginería del paraguas.

EN CONCLUSIÓN: Reflexiona sobre lo que has observado acerca de ti mismo mientras intentabas realizar esta tarea y registra tus observaciones aquí.

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